Me apetece levantarme despacio, sin hacer ruido, cuando todavía está de noche, porque sí, yo soy una «morning person» o como leches lo quieran llamar ahora. Tengo ganas también de pisar los azulejos fríos descalza hasta llegar a la cocina y preparar la cafetera, que me envuelva el ruido y el olor de ese pequeño trasto que me da un poquito de felicidad mañanera, aunque es el conjunto, es la suma del silencio, un libro, mirar por la ventana y beber café antes de que realmente empiece la mañana. Es mi «kitKat», mi trocito de playa en el mes de mayo, cuando ya hace calor y aun no hay gente, el momento en medio de un campo respirando aire puro, pensando en nada, y a la vez en todo. Aún lo disfruto más, si esa mañana, es la primera del primer día de vacaciones..., qué bien suena esa palabra, a pesar de ser persona de rutina porque sin horarios me lío, sin embargo, llevo ya un tiempo en el que me apetece liarme, dejar de pensar y acabar con los «y si...», «y si...» porque «y si al final...» p...
No leo para ser más inteligente, ni pienso que las personas que leen sean mejores personas que las que no lo hacen. Leo porque me gusta. Leo porque desde, que tengo uso de razón, me divierte. Leo casi de todo. Leo novela negra, novela romántica, novela histórica, novelas «feelgood»..., ahora hay tantos géneros como historias porque cada vez hay más, y más. Ahora es muy fácil publicar, lo sé por experiencia propia. Y me parece algo tanto bueno como malo. Bueno por la libertad, las oportunidades que existen para los autores, las grandes historias que no se quedan estancadas en el filtro de alguna editorial, y malo precisamente por esa inexistencia de filtros porque, prácticamente, todo vale. Pero si tengo que elegir me quedo con el ahora porque me gustan las historias, así que, al carajo, cuántas más existan mejor. Me chifla perderme cuando leo, y ojo, cuando escribo también. Y perderse, eso sí que creo que es importante. Perderse para poder encontrarse.