Todos tenemos claro que lo que importa de verdad es la salud, nos quejamos de muchísimas cosas y, especialmente, a final de año se nos llena la boca diciendo un "bueno bueno, pero lo más importante es que tengamos salud", sin embargo, a la hora de la verdad no somos conscientes, realmente conscientes hasta que nos pasa algo.
A mí la vida me ha querido parar un poquito los pies, y es una experiencia bastante desagradable. Y eso que pienso que esto es solo una tontería, una nimiedad en comparación con lo que están pasando o pasan otras personas. Que lo mío, será, oh por favor, pasajero, pero que hay gente que lo que sufre, sea lo que sea, puede ser de por vida.
Y es que, el simple hecho de no apoyar un pie, te quita independencia, libertad, ganas, ánimo, y si eres madre de un niño pequeño, te deja la sensación de ya no serle útil, aunque eso ya son cosas, entre muchas otras, que se encarga el cerebro de aportar para aumentar la ansiedad. Ese cortisol del que tanto se habla ahora, pero que ha existido siempre.
Aún así por lo que yo me he venido aquí, a lo mío, a esto de soltar escribiendo, es para contar, explicar o dar cuenta de que lo que importa en la vida es sentir la arena bajo los pies. ¿A qué es una chorrada? Pues cuando no puedes hacerlo, ya no lo es tanto. Obviamente, la palabra arena es extrapolable.
Que no nos damos cuenta de lo que importa hasta que ya no podemos hacerlo, y es entonces, cuando ya tarde, se nos escapa la famosa frase:
Si es que..., lo que importa es la salud.
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