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A través de una ventana

Todas las historias comienzan a través de una ventana. Siempre hay alguien que las escribe o las cuenta, y otra persona que las escucha o las lee. Y las interpreta como si viese por un cristal transparente, quizás, mejor dicho, translucido, porque según sus experiencias entenderá dicha historia de una forma u otra. Y es que, lo que hace, no es más que eso. Mirar a través de una ventana. Un portal directo a otro mundo que no es el suyo. Algo tan mágico que te hace viajar sin moverte de donde estás.

Es también una ventana invisible. Una ventana que puede presentarse con diferentes formas e ir acompañada con imágenes, música, con cualquier elemento que añada más realismo, que haga que te metas de lleno en esa historia ajena a ti. Que haga posible creer que puedes vivir en la luna, viajar a través del tiempo, enamorarte del rey o reina más importante del universo más recóndito. Elementos conjuntos que cumplen la función más importante de todas, otorgar verosimilitud a una historia. Otorgarte la capacidad de sentir que todo es posible o, ¿quién no se ha creído alguna vez que existe «el país de las maravillas» o el de «nunca jamás» o «Hogwarts». Por favor, si ni si quiera Word lo da como error porque existe, porque es un mundo ya tan real..., que es necesario registrarlo. Porque hemos estado tan cerca de esas historias como si hubiesen estado al otro lado de nuestra ventana. Casi, casi hemos podido ver desde ella, «la segunda estrella a la derecha».

Todas las historias comienzan a través de una ventana, las que nos suceden a diario, también. Solo es decisión nuestra abrirla y vivirlas, o dejarla cerrada y ver la luz pasar.

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