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Que arrebatadora la vida

 

Que arrebatadora la vida, que ha querido, por todos los medios, enamorarme con ese sol que deja que tu piel se sienta cálida, pero no agobiada, con la brisa del mar sacudiéndome de cerca, despertándome, gritándome que hay un mundo todavía por ver y yo, mírame, tan pequeña ante él.

Pero, que arrebatadora la vida, que después de ese paseo mañanero ha querido llevarme consigo y que me perdiera entre los sencillos sabores del pan recién tostado con un poco de tomate y jamón, acompañado por supuesto con un café caliente, a pesar de ser verano, pero el café abriga más así, se nota más así, te hace sentir que después de él, vas a poder con todo, con la vida, esa que hoy ha estado arrebatadora.

Que no pensamos mientras la vivimos, o al menos lo intentamos, para que ella, la vida, no nos arrastre entre sus innumerables preguntas por contestar, preguntas para las que ni si quiera ella tiene respuesta. Y es que no las necesita porque ella, simplemente es arrebatadora en sí con sus sabores, sus colores, sus paisajes, su existir.

La vida. ¿Arrebatadora? Sí. ¿Bonita?, también, pero nos empeñamos en hacer que toda su belleza se vuelva cruel con una sola palabra, decimos que toda ella es difícil, que cuesta vivir y llenamos todo su sentido de negatividad. ¿Por qué será? ¿Por qué nos preocupamos en rebuscar de entre lo más profundo la felicidad si la vida por sí sola te lo da? Ya sabes la canción que dice eso de “lo más vital”. Qué nos hace falta menos, tener mucho menos para que empecemos a tener más. Es una cuestión tan sencilla como complicada, es contradictoria en todos sus sentidos, pero es real, como la vida porque la vida es arrebatadoramente real. La vida, además es una y nada más, por eso se presenta siempre así, arrebatadora hasta reventar.




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