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Pensando en tus manías y en las mías

El otro día sonreí al darme cuenta de que siempre comemos sentados en el mismo lugar. De alguna forma, sin que nadie nos dijera nada, sin hablarlo, sin pensarlo, como un acto involuntario decidimos cada uno que nos sentaríamos, tu a la derecha y yo a la izquierda. No pasó lo mismo en la cama. Ahí te dije que la ventana era mi lugar. Me gusta estar cerca de un espacio que sé que puedo abrir y escapar. Soy claustrofóbica, no quizá en sentido estricto, sí en muchos otros. A lo mejor se puede resumir en que solo son manías. Esas que vamos descubriendo cada día el uno del otro. Porque puedes conocer a alguien, pero sus manías, las más insignificantes, solo las pueden conocer las personas que viven juntas. Por ejemplo, me gusta ponerme un cojín encima si ceno en el sofá, aunque tenga la mesa delante o una bandeja, da igual. Es algo que siempre he hecho y que dudo que algún día deje de hacer. Como decía, manías, como la tuya de abrir un helado y dejarlo encima de la mesa un rato, mientras yo me desespero y te digo: "pero, ¿no ves que se va a derretir?", o cuando enciendes la televisión, la radio y más cosas a la vez, como si tus sentidos se multiplicaran y pudieras estar atento de todo al mismo tiempo. Qué sé yo... Manías, costumbres, rutinas... Y es que, aunque todos los seres de la tierra queramos escaparnos de vez en cuando, vivimos en las rutinas. Actuamos en numerosas ocasiones de forma mecánica, cosa por cierto, que hace que cometamos errores. Al activar el modo automático, desconectamos y dejamos de estar al volante. Y después, todas esas manías y rutinas son las que van construyendo momentos. Algunos queremos capturarlos porque para eso se inventó la fotografía. Otros, nos basta con recordarlos. Esos son los mejores, los que no se olvidan y se quedan en la retina. Y, hablando de todo esto, fijándome en qué lugar estamos sentados, pensando en tus manías y en las mías, me he dado cuenta de algo, no estaba sonriendo por nada, solo lo hacía pensando que ya somos eso que se es sin pensarlo, sin quererlo. 

Ya somos familia. 




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