- Es muy fácil.
Eso decía Aitana mientras doblaba
folios sin cesar. Esa tarde le había dado por el origami. Decía que era su
nuevo hobby. Yo sabía que, probablemente, el entusiasmo solo iba a durarle lo
que durase la tarde, pero Aitana era así, con ocho años, cada hora, incluso
cada minuto era un nuevo desafío y todo quedaba obsoleto con el paso de los
segundos. En realidad, me tenía encandilada, la facilidad con la que lo hacía. Y
yo, a mis “taitantos”, como se suele decir, ni si quiera era capaz de doblar
bien de todo un folio por la mitad…
- No te concentras – me replicaba
Aitana.
- Sí lo hago, pequeña listilla.
- No. Seguro que estás pensando
en otras cosas. Los adultos siempre lo hacéis.
Tenía razón. Estaba pensando en
David. En lo difícil que estaba siendo últimamente nuestra relación. Se nos hacía
cuesta arriba estar lejos, pero a él le había salido una oportunidad de trabajo
fuera y…
- ¿Lo ves? Piensas en otras cosas
– Aitana me devolvía a la realidad de vez en cuando. Que fuese tan testaruda me
hacía sonreír.
- Y ahora, ¿de qué te ríes? – se
había quedado mirándome con el entrecejo fruncido.
- De ti – le dije tocándole la
punta de la nariz.
- Pues no sé por qué. Yo hago las
figuras mejor que tú.
- Es que eres más lista que yo.
Ya lo sabes.
- Mamá también dice eso, pero yo
sé que no soy más lista, solo que no hago cómo vosotras. No pienso en otras
cosas – seguía insistiendo en su argumento.
- Ya lo entenderás. Aún eres muy
enana.
- No soy tan enana. Sé que
piensas en David, ¿verdad?
Y no pude evitarlo, me quedé
mirándola con la boca abierta sin salir de mi asombro.
- Lo sabía, – dijo ella orgullosa
– pero no porque sea lista, solo porque me concentro. Y cuando estamos viendo
la televisión, tú miras el móvil, sus fotos y no dejas de hablar con él.
- Está lejos, le echo de menos, ¿qué
quieres que haga? – de repente le estaba contando mis problemas a una niña de
ocho años.
- Y cuándo él está aquí, ¿piensas
en otras cosas?
- Supongo.
- Entonces tengo razón. Los adultos
os empeñáis en pensar en otras cosas y no hacéis caso a lo que tenéis delante.
Por eso no estás bien con David, y por eso no te salen las figuras de papel.
Y en diez minutos, Aitana me
había dado una clase magistral de origami y de vida.
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